DEL
AMOR HUMANO EN GARCILASO DE LA VEGA AL AMOR
DIVINO EN SAN JUAN DE LA CRUZ.
Así
como afirmábamos en la actividad 4 que: “Garcilaso y Góngora son dos caras de
una misma moneda acuñada con el tiempo y la memoria, forjada en el paso del
Renacimiento al Barroco”; podemos aseverar que Garcilaso y San Juan de la Cruz,
constituyen las dos caras diferentes (cara y cruz) de una misma moneda, esta sería el amor: el
amor material, humano y carnal(cara) en Garcilaso de la Vega y el amor místico,
divino, inmaterial, incondicional(cruz) en San Juan de la Cruz.
Desde
sus 38 sonetos hasta sus tres églogas, pasando por la Oda a la Flor de Gnido,
la obra del poeta toledano está impregnada de ese amor pasional -la mayoría de
las veces contrariado- , entre hombre y mujer: / llora su desventura/ el
miserable amante en tu figura/[1]; / ¡basten las que por vos tengo lloradas/ no os venguéis más de mí con mi flaqueza/[2]; / ¡Oh más dura que mármol a mis quejas,/ y al encendido fuego en que me quemo/[3] . En esta muestra aleatoria de diversos versos de sendas obras, se evidencia lo afirmado de ese
amor pasional, inalcanzable,- por prejuicios quizás-, disimulados por la presunta pretendida bella dama al
aparentar dureza y frialdad “como la nieve”, ante las cuitas de un hombre
perdidamente enamorado.
Contrario a este amor terrenal encontramos el amor celestial
en San Juan de la Cruz; un amor divino que para expresarlo, el Santo abulense
cual orífice elabora finos hilos de filigrana y entreteje exquisitamente los recursos
estéticos de su exuberante lenguaje poético.
Sin detenernos en la exacta forma estrófica del
Cántico Espiritual con la utilizada por Garcilaso en la Flor de Gnido y
saltándonos también la estrecha relación de esta joya de la Literatura
Mística del Siglo de Oro español con el Cantar de los
Cantares bíblico, emprendamos este corto
pero intenso viaje por el mar de símbolos, imágenes y metáforas del Cántico del
insigne poeta místico, para evidenciar
lo afirmado y tratar de comprender lo paradójico de un amor espiritual que se
consuma con el viaje al más allá (encuentro con Dios):
/ ¿Adónde te escondiste, /Amado, y me dejaste con
gemido?/Como el ciervo huyste, /habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y
eras ido/[4].
En
este caso la esposa (amada) y el amado
son imágenes alegóricas, en donde la Amada es el alma
humana y el Amado es Dios, el supremo creador de todo lo que existe,
según la creencia de los místicos. En esta estrofa 1 se da a entender que es el
hombre quien busca a Dios, cuando tradicionalmente ha sido lo contrario: ha
sido Él quien ha buscado a la humanidad para salvarla, personificado en su hijo
Jesús. Con este artificio se confirma la tesis de Gemma Gorga, quien lúcidamente asevera que la paradoja
sanjuanista difiere con la cancioneril (fuente de la poesía de Garcilaso), en
la finalidad: mientras que esta genera agudeza conceptual, la del santo
carmelita conduce al lector a lo trascendental (más allá de la comprensión
racional), “mediante la destrucción de toda lógica”.
El yo poético ve a su Amado, el Altísimo, en
las montañas, en los valles, en los ríos o ínsulas y hasta en el silbido
del aire, ya que la grandiosidad de la naturaleza refleja la magnificencia de
su Creador y la humildad de San Juan encuentra en la claridad y en el verdor de
la naturaleza, al Artista creador: /¡Oh bosques y espesuras,/plantadas por la
mano del Amado,/ oh, prado de verduras,/de flores esmaltado,/decid si por
vosotros ha pasado!/[5].
A manera de coda, se puede
concluir que si bien la concepción del
amor y de la eternidad de la vida mediante la comunión con Dios en San Juan de
la Cruz, es diametralmente opuesta a la de Garcilaso, quien llama al goce de la
vida y la juventud por la brevedad de éstas; no se puede negar la gran
influencia que tuvo el intrépido poeta toledano sobre la producción poética del
Santo Carmelita, en cuanto a la forma y recursos literarios se refiere: / y en ásperas montañas/ con el suave canto
enterneciese/ las fieras alimañas,/ los árboles moviese/ y al son confusamente los trujiese/[6].
Adosemos la anterior estrofa con la lira
14 del el Cántico: / Mi Amado, las montañas,/ Los valles solitarios nemorosos,/ Las ínsulas
extrañas,/ Los ríos sonorosos,/ El silbo de los aires
amorosos./ .
BIBLIOGRAFÍA
-
GORGA LOPEZ, Gemma: “La función de la paradoja en la poesía amorosa
de Cancionero en el Cántico de San Juan de la Cruz”. En, Boletín de la
Biblioteca de Menéndez Pelayo, año LXXX enero
–diciembre 2004. PP: 21 -34
_______ “Hacia una poética de lo
Inefable: el Cántico de San Juan de la Cruz”. En, Letras de Deusto, Num.102 (Vol34) Bilbao 2004 PP: 71 -
76.
-
MANCHO DUQUE, María Jesús: “Creación poética y componente simbólico en
la obra de San juan de la Cruz”. En Palabras y Símbolos en San Juan de la
Cruz. Madrid, Fundación Universitaria Española Universidad Pontificia de
Salamanca, 1993.
-
Autores Varios. Siglo de
Oro Español. Edición a Cargo de Don Joaquín Calvo Sotelo, Madrid, Círculo de
Lectores, 1982. PP: 191 -209.
-
Autores Varios. Antología
de Poetas Liricos Castellanos, sexta edición. México, W. M. JACKSON; INC. 1973. PP: 131 -195.
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