LA CONTINUIDAD DE LOS PARQUES O LOS LABERINTOS DE LA
CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE.
Continuidad de los Parques es un cuento de Julio
Cortázar, que con el tiempo se ha convertido en uno de los textos más
comentados por la crítica mundial. Se trata de una obra maestra del relato
breve, publicado en la segunda
edición de la colección de cuentos “Final
del Juego (1964). Es un cuento de un argumento en apariencia simple, pero que
para un lector “rumiante” presenta una enorme complejidad fantástica y si se quiere, policiaca.
Cuenta que un hombre rico, de gustos refinados (como
Cortázar), retoma la lectura de una novela -que había
abandonado días antes por negocios urgentes- cuando vuelve en tren a su finca. Esa misma tarde,
después de escribirle a su apoderado (abogado)
y de discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, se sienta en su
sillón de terciopelo verde (su color preferido)[1] que queda de espaldas a la
puerta y se dispone a terminar de leerla.
La novela se refiere a una pareja
de amantes que se encuentran en una cabaña; él tiene una herida en la cara
producida por una rama, ella lo está
esperando. Ella quiere acariciarlo pero él la rechaza porque han acordado el
encuentro para planificar cómo iban a matar -a mi parecer- al marido de ella.
Buscan coartadas y eliminan posibles errores. Se acerca el anochecer.
Se separan a la salida de la cabaña; ambos corren: ella rumbo
al norte con el pelo suelto y él para el
opuesto (sur) por la senda que lo llevará a la estancia
donde se encuentra el objetivo. En el camino, los perros no deben ladrar y el
mayordomo no debe estar: todo se cumplió como lo habían planeado. Sube el
porche y entra a la casa. Recuerda lo que le dijo la mujer: primero una sala
azul, luego una galería, una escalera alfombrada y al final dos puertas, no
habrá gente en las habitaciones. Una vez que entra en la última habitación con
el puñal en la mano, ve a un hombre de espaldas a la puerta sentado en un
sillón de terciopelo verde leyendo una novela. En ese momento, uno como lector se da cuenta de que el hombre en el sillón es
la víctima del protagonista de la novela. De esta manera se entretejen dos
historias: la del hombre que lee la novela y la de los amantes que conspiran para
matarlo.
Es una historia construida con maestría, pues apenas en dos párrafos que contienen 58 líneas [2] , el primero 41 y el
segundo 17, Cortázar expresa la constante polémica de la intelectualidad
Argentina en torno de la dicotomía Civilización y Barbarie, como también su
propia vida en su lucha constante por desprenderse de su “argentinidad” e irse a vivir a Europa, que iba más con su
gusto refinado. Su mérito consiste en convertir estas realidades en fantasía con
una técnica de novela policiaca.
En este relato fantástico con tinte policiaco, con técnica de obra abierta, a uno como lector le
quedan algunos interrogantes e ideas en el ambiente:
El amante llega con la cara lastimada por el Chicotazo
de una rama[3]:
¿Será que el amante mató al mayordomo y este no tuvo nada con qué defenderse y
agarró un chicote de una rama para
repeler el sorpresivo ataque? Será que la mujer seduce al amante o lo atrapa para utilizarlo y matar al marido
y luego fugarse con el botín para Europa, después de eliminar también a este?:
“Ella debía seguir por la senda que iba al norte”[4]; la imagen de la mujer con
el cabello suelto al viento corriendo hacia el norte nos ofrece la sensación de
fuga, de libertad , lo que contextualizado para la tradición cultural argentina,
el norte significa Europa, la
civilización y esta abandona al sur, al hombre semejante a un gaucho: Malevo,
alevoso con puñal en mano, capaz de matar (por amor) o por cualquier cosa (la barbarie)[5].
Es una constante de Cortázar el juego laberintico en
sus obras, ejemplo de ello son Los Premios en el que los pasajeros desorientados
de un misterioso barco ven cortado el acceso a la popa y para llegar al ella
deben bajar por escalerillas, en donde no es fácil salir al otro lado. Con
estos laberintos, como de costumbre Cortázar juega con el lector y recrea o
deconstruye realidades, historias, o textos de ficción, así mismo se ve en Los
Reyes donde recrea la historia de Teseo y el Minotauro, siendo este último
quien no representa la maldad y a diferencia de la historia griega lo
reivindica, generando una versión
totalmente opuesta a la clásica, pues en la versión de Cortázar, Ariadna le da el hilo a Teseo para que llegue al minotauro,
no para matarlo, sino para que el
minotauro mate a Teseo.
En estas circunstancias, tengo la intuición de que Cortázar con el
cuento La Continuidad de los Parques, recrea otra novela referente de la
literatura argentina como lo es el Túnel (1948)
de Ernesto Sábato. Mirando el inminente final de Continuidad en los Parques
(1964) se advierte que el final de Túnel,
propuesto por Cortázar seria que Juan Pablo Castel no asesinara a María
Iribarne, su amante; sino que matara a
Allende para quedarse con ella, hacia la búsqueda de un final feliz. En las dos historias se nota la influencia la
cultura gauchesca argentina, el puñal como arma de asesinar o de defensa.
Al adentrarnos nuevamente en el microcosmo del cuento,
miramos que el personaje del lector es de gustos finos, con un gran bagaje
cultural, refinado, intelectual, en el que Cortázar se autorretrata pues tanto
el personaje como Cortázar eran zurdos: “dejó que su mano izquierda acariciara
una y otra vez el terciopelo verde”[6] lo que quiere decir que
tenía el libro en su mano derecha y conociendo que el color favorito de
Cortázar era el verde, este detalle no es por azar.
El regreso del personaje-lector en tren a su finca
para tejer su propia mortaja, significa el regreso a la barbarie, pues este
hombre rico de buenos modales y de cultura exquisita (poseía una galería en su
estancia) fue testigo de su propia destrucción, enredado en el laberinto
de la barbarie “un dialogo anhelante
corría por sus páginas como un arroyo de serpientes”[7] . La actitud maleva
(barbarie) de los protagonistas, es inminente: “se sentía que todo estaba
decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante
como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de
otro cuerpo que era necesario destruir”[8]. Da la impresión que
verdaderamente estos personajes, como criaturas de la barbarie actúan con
alevosía, y más la mujer que parece enredar a su amante en la manigua de sus
bajos sentimientos. Lo cierto es que ambos actúan con complicidad y calculada
actitud sicarial: “nada había sido olvidado, coartadas, azares, posibles
errores”. [9]
El anhelo de Cortázar por fugarse a Europa tal vez viene del dilema de su
existencia: había nacido en Bruselas (Bélgica) en 1914, de padres argentinos y
llevado a los cuatro (4) años a Buenos Aires, cuidad que ocupa gran espacio de
su obra, es por ello que asumió con entusiasmo su nacionalidad argentina, pero
intelectualmente lo argentino no era lo de él, su espíritu era universal. En el trasfondo de
sus obras, antes de emigrar definitivamente hacia Europa se le observaba ese
conflicto que parecía no tener solución. Según Luis Harss para Cortázar vivir en Buenos Aires era como estar encarcelado,
incluso intentó fugarse como polizón en un barco hacia Europa. [10] Finalmente terminó
viviendo en Europa y murió en Paris, en 1984.
VALMIRO RANGEL RANGEL
Reino Mítico de
Macondo 26 de noviembre de 2015.
[2].
Cortázar, Julio (1980)”Continuidad de los Parques”, en El Perseguidor y otros relatos, Editorial
Bruguera, pp.19-20. Todas las líneas citadas serán de este texto.
[5] Esta
dicotomía de civilización y barbarie es tratada constantemente por los
escritores argentinos, desde Sarmiento en Facundo, José Mármol en Amalia y
Esteban Echevarría en el Matadero.
[9] Línea 37 y 38
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