miércoles, 27 de enero de 2016



LA CONTINUIDAD DE LOS PARQUES O LOS LABERINTOS DE LA CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE.
Continuidad de los Parques es un cuento de Julio Cortázar, que con el tiempo se ha convertido en uno de los textos más comentados por la crítica mundial. Se trata de una obra maestra del relato breve, publicado en  la segunda edición  de la colección de cuentos “Final del Juego (1964). Es un cuento de un argumento en apariencia simple, pero que para un lector “rumiante” presenta una enorme complejidad fantástica  y si se quiere, policiaca.   
Cuenta que un hombre rico, de gustos refinados (como Cortázar),  retoma la lectura de una novela -que había abandonado días antes por negocios urgentes- cuando   vuelve en tren a su finca. Esa misma tarde, después de  escribirle a su apoderado (abogado) y de discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, se sienta en su sillón de terciopelo verde (su color preferido)[1] que queda de espaldas a la puerta y se dispone a terminar de leerla.
La novela se refiere a una   pareja de amantes que se encuentran en una cabaña; él tiene una herida en la cara producida  por una rama, ella lo está esperando. Ella quiere acariciarlo pero él la rechaza porque han acordado el encuentro para planificar cómo iban a matar -a mi parecer- al marido de ella. Buscan coartadas y eliminan posibles errores. Se acerca el anochecer.
Se separan a la salida de la cabaña;  ambos corren: ella    rumbo al norte con el  pelo suelto y él para el opuesto (sur)   por la senda que lo llevará a la estancia donde se encuentra el objetivo. En el camino, los perros no deben ladrar y el mayordomo no debe estar: todo se cumplió como lo habían planeado. Sube el porche y entra a la casa. Recuerda lo que le dijo la mujer: primero una sala azul, luego una galería, una escalera alfombrada y al final dos puertas, no habrá gente en las habitaciones. Una vez que entra en la última habitación con el puñal en la mano, ve a un hombre de espaldas a la puerta sentado en un sillón de terciopelo verde leyendo una novela. En ese momento,  uno  como lector  se da cuenta de que el hombre en el sillón es la víctima del protagonista de la novela. De esta manera se entretejen dos historias: la del hombre que lee la novela y la de los amantes que conspiran para matarlo.
Es una historia  construida con maestría,  pues apenas  en dos párrafos que contienen 58 líneas [2] , el primero 41 y el segundo 17, Cortázar expresa la constante polémica de la intelectualidad Argentina en torno de la dicotomía Civilización y Barbarie, como también    su propia vida en su lucha constante por desprenderse de su “argentinidad”  e irse a vivir a Europa, que iba más con su gusto refinado.  Su mérito consiste  en convertir estas realidades en fantasía con una técnica de novela policiaca.
En este relato fantástico con tinte  policiaco,  con técnica de obra abierta, a uno como  lector  le quedan algunos interrogantes e ideas en el ambiente:
El amante llega con la cara lastimada por el Chicotazo de una rama[3]: ¿Será que el amante mató al mayordomo y este no tuvo nada con qué defenderse y agarró un chicote de una rama  para repeler el sorpresivo ataque? Será que la mujer seduce al amante  o lo atrapa para utilizarlo y matar al marido y luego fugarse con el botín para Europa, después de eliminar también a este?: “Ella debía seguir por la senda que iba al norte”[4]; la imagen de la mujer con el cabello suelto al viento corriendo hacia el norte nos ofrece la sensación de fuga, de libertad , lo que contextualizado para la tradición cultural argentina, el norte significa  Europa, la civilización y esta abandona al sur, al hombre semejante a un gaucho: Malevo, alevoso con puñal en mano, capaz de matar (por amor) o  por cualquier cosa (la barbarie)[5].
Es una constante de Cortázar el juego laberintico en sus obras, ejemplo de ello son Los Premios en el que los pasajeros desorientados de un misterioso barco ven cortado el acceso a la popa y para llegar al ella deben bajar por escalerillas, en donde no es fácil salir al otro lado. Con estos laberintos, como de costumbre Cortázar juega con el lector y recrea o deconstruye realidades, historias, o textos de ficción, así mismo se ve en Los Reyes donde recrea la historia de Teseo y el Minotauro, siendo este último quien no representa la maldad y a diferencia de la historia griega lo reivindica,  generando una versión totalmente opuesta a la clásica, pues en la versión de Cortázar, Ariadna  le da el hilo a Teseo para que llegue  al minotauro,  no para  matarlo, sino para que el minotauro mate a Teseo.  
En estas circunstancias,  tengo la intuición de que Cortázar con el cuento La Continuidad de los Parques, recrea otra novela referente de la literatura argentina como lo es el Túnel (1948)  de Ernesto Sábato. Mirando el inminente final de Continuidad en los Parques (1964) se advierte que el final de Túnel,  propuesto por Cortázar seria que Juan Pablo Castel no asesinara a María Iribarne, su amante;  sino que matara a Allende para quedarse con ella, hacia la búsqueda de un final feliz.  En las dos historias se nota la influencia la cultura gauchesca argentina, el puñal como arma de asesinar o de  defensa.
Al adentrarnos nuevamente en el microcosmo del cuento, miramos que el personaje del lector es de gustos finos, con un gran bagaje cultural, refinado, intelectual, en el que Cortázar se autorretrata pues tanto el personaje como Cortázar eran zurdos: “dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde”[6] lo que quiere decir que tenía el libro en su mano derecha y conociendo que el color favorito de Cortázar era el verde, este detalle no es por azar. 
El regreso del personaje-lector en tren a su finca para tejer su propia mortaja, significa el regreso a la barbarie, pues este hombre rico de buenos modales y de cultura exquisita (poseía una galería en su estancia) fue testigo de su propia destrucción, enredado en el laberinto de  la barbarie “un dialogo anhelante corría por sus páginas como un arroyo de serpientes”[7] . La actitud maleva (barbarie) de los protagonistas, es inminente: “se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir”[8]. Da la impresión que verdaderamente estos personajes, como criaturas de la barbarie actúan con alevosía, y más la mujer que parece enredar a su amante en la manigua de sus bajos sentimientos. Lo cierto es que ambos actúan con complicidad y calculada actitud sicarial: “nada había sido olvidado, coartadas, azares, posibles errores”. [9]
El anhelo de Cortázar por fugarse  a Europa tal vez viene del dilema de su existencia: había nacido en Bruselas (Bélgica) en 1914, de padres argentinos y llevado a los cuatro (4) años a Buenos Aires, cuidad que ocupa gran espacio de su obra, es por ello que asumió con entusiasmo su nacionalidad argentina, pero intelectualmente lo argentino no era lo de él,  su espíritu era universal. En el trasfondo de sus obras, antes de emigrar definitivamente hacia Europa se le observaba ese conflicto que  parecía no tener  solución. Según Luis Harss para Cortázar  vivir en Buenos Aires era como estar encarcelado, incluso intentó fugarse como polizón en un barco hacia Europa. [10] Finalmente terminó viviendo en Europa y murió en Paris, en 1984.

VALMIRO RANGEL RANGEL
 Reino Mítico de Macondo 26 de  noviembre de 2015.






                                                          


[1] El Color Preferido de Cortázar era el verde, según sus propias palabras.
[2]. Cortázar, Julio (1980)”Continuidad de los Parques”, en  El Perseguidor y otros relatos, Editorial Bruguera, pp.19-20. Todas las líneas citadas serán de este texto.
[3] Línea 26, Párrafo 1
[4] Línea 44
[5] Esta dicotomía de civilización y barbarie es tratada constantemente por los escritores argentinos, desde Sarmiento en Facundo, José Mármol en Amalia y Esteban Echevarría en el Matadero.
[6] Líneas 11 y 12
[7] Línea 32 y 33
[8] Línea 34 y 37
[9] Línea 37 y 38
[10] Harss Luis (1975). Los nuestros. Buenos Aires. Editorial Lozada.

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