De Garcilaso a Góngora: el tránsito
del optimismo al nihilismo
Garcilaso
y Góngora son dos caras de una misma moneda acuñada con el tiempo y la memoria,
forjada en el paso del Renacimiento al Barroco y bajo la guardia luminosa de
Bernardo Tasso. El tópico del Carpe diem es, de antiguo, uno de los
referentes más importantes para demostrar poéticamente que la consecuencia del Tempus fugit debe ser la decisiva
postura de ser vigorosamente. Plantea Miguel Díez R. que “en la lápida de una
tumba romana perteneciente al siglo I de nuestra era, […] se lee este epitafio,
impresionante síntesis del carpe diem: ‘No fui nada, y ahora nada soy. / Pero
tú, que aún existes, bebe, goza de la vida... / y luego ven’”.
En
los sonetos españoles más contundentes y bellos, que son reflejo de ambos
tópicos (Carpe diem y Tempus fugit)
“En tanto que de rosa y de azucena” de Garcilaso y “Mientras por competir con
tu cabello” de Góngora, es notable el abordaje de la imitatio basada en Tasso pero con posturas distintas. El poema de
Garcilaso es el ejemplo por antonomasia de una optimista postura renacentista,
en la que la frescura de las imágenes presenta la urgencia del paso del tiempo
e invita a la vida y al disfrute pero sin la angustia y el nihilismo propios
del Barroco. Los versos son endecasílabos de raíz italianizante; en el primer
cuarteto el dibujo metafórico que hace el poeta obedece a los colores de la
juventud y la belleza, la mirada que
acalla la tormenta con su luz, y la rosa como centro del primer verso símbolo de
lo efímero de la belleza y la lozanía.
El
segundo cuarteto continúa con la descripción de la juventud en el cabello,
rubio, airado, arrebatado por el viento; el cuello blanco, enhiesto, retrato propio
de la Descriptio puellae; para
rematar con los tercetos donde la descripción da paso al consejo conclusivo, en
el que la metáfora encanece el dorado del cabello juvenil. En el último
terceto, se realiza una justificación generalizadora, donde el invierno, como
símbolo del frío de la muerte, plantea la definitiva e impajaritable suerte de
la vida humana.
Garcilaso
solicita al lector ser más consciente
del tiempo y su existir, porque al final
el tiempo es el cambio, la transformación de todas las cosas, y eso es lo que
diferencia la vida de la muerte. Garcilaso nos dice que “en tanto” tu piel, tu
cuerpo cumpla con ciertas condiciones como “mirar ardiente”, “cabello de oro”,
“hermoso cuello blanco”; cuando tu cuerpo sea
“alegre primavera”, se debe disfrutar del “dulce fruto” antes que el
“tiempo airado” “cubra de nieve la hermosa cumbre”. Garcilaso nos hace conscientes del
tiempo, pero no con rasgos fatalistas,
sino con mesura y ánimo de aprovechar la vida. En la Égloga I por ejemplo,
Garcilaso expone un amor romántico en un Locus
amoenus, donde la unión entre naturaleza y el yo lírico es fundamental. Esto evidencia otro tema importante del
renacimiento, la libertad del sujeto en la naturaleza. Esta se hace explícita
en los versos: Corrientes
aguas puras, cristalinas, /árboles que os estáis mirando en ellas, /verde prado
de fresca sombra lleno, /aves que aquí sembráis vuestras querellas, /hiedra que
por los árboles caminas, /torciendo el paso por su verde seno.
Por
su parte, en el poema gongorino, la presencia de la necesidad por vivir
intensamente antes de la muerte, es claramente desencantada. El contundente y
desesperanzado mensaje es la fiel representación del Barroco en las manos del
poeta, que muestra su versión del Carpe
diem en su soneto de versos endecasílabos de arte mayor. Góngora hace uso
de los tópicos analizados en el poema de Garcilaso pero imprime su propio estilo
al reemplazar a la rosa por clavel como tópico, marcando un cambio definitivo;
aunque también se intuye el uso del Collige,
virgo, rosas, que alude a la misma dinámica de paso inexorable del tiempo y
su correspondiente aprovechamiento mientras se es joven. Así las cosas, entre
las figuras literarias de las que se sirve el poeta para el diseño general de
su imaginería, destacan la anáfora, la metáfora y un hábilmente creado
paralelismo léxico encarnado en las palabras “cabello, frente, labio, cuello”
metaforizados en “oro, lilio, clavel, cristal”.
Al
parecer para Góngora nada se contrapone a la violencia del tiempo. Imágenes como
“mientras con menosprecio en medio el llano”, “desdén lozano”, le aportan este
sentimiento de angustia y sinsentido. Al final todas las acciones para el poeta
llegan a la nada, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, idea marcada
por la presencia de la fe cristiana, las palabras del Génesis (3, 19) “[…]
porque eres polvo y al polvo regresarás”, afirman la gran diferencia entre el
cierre gongorino y la romántica visión garcilasiana.
Ayudan
a entender la cosmovisión renacentista de Garcilaso estos versos de su Égloga tercera, en los que se aprecia la
búsqueda de la experiencia del hombre a través de sus sentidos y de la razón,
fuera de la intervención divina: Más a
las veces son mejor oídos/
el
puro ingenio y lengua casi muda.
Referencias
bibliográficas
Díez
R., Miguel. “Carpe diem”: aproximación a un tópico universal. [Documento ON
LINE]. Letralia, Año XIII, Nº 207, 6 de abril de 2009. Recuperado de: http://letralia.com/207/ensayo02.htm.
Lapesa,
Rafael, La trayectoria poética de Garcilaso de la Vega, Madrid, Revista de
Occidente, 1968.
López
Bueno, Begoña (coord.): La renovación poética del Renacimiento al Barroco,
Madrid, Síntesis, 2006.
Rivers,
Elias. Las églogas de Garcilaso: ensayo de una trayectoria espiritual, Actas
del Primer Congreso Internacional de Hispanistas: celebrado en Oxford del 6 al
11 de septiembre de 1962 / coord. per Cyril A. Jones, Frank Pierce, 1964.
Rivers,
Elías. La poesía de Garcilaso, Barcelona, Ariel, 1981.
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