LITERATURA Y POLITICA EN
AMERICA LATINA
POR: VALMIRO RANGEL RANGEL.
“Se sabe muy bien que el arte puro y el arte vacío son una misma cosa
y que el purismo estético no fue más que una brillante maniobra de los
burgueses del siglo XIX, quienes preferían verse denunciados como filisteos que
como explotadores”.
Jean Paul Sastre: ¿Qué es literatura?
Más que una ponencia quisiera aquí traer a colación algunos elementos
para la discusión. Sé que no todos los presentes van a estar de acuerdo con lo
que voy a expresar, pero esos son gajes del oficio: cuando se trata de asuntos
ideológicos o políticos, es imposible unificar criterios, pero tengan la
absoluta seguridad que respeto todas las opiniones, porque la diversidad
ideológica es la oportunidad más expedita para el crecimiento intelectual.
“Desde que existe la escritura ha habido prohibiciones. Desde que a la
palabra se le asigna poder, a los filósofos y escritores les está garantizado
veneno y destierro, censura y exilio, campos de concentración y prisión
individual, persecución hasta el asesinato. Desde Sócrates hasta Ovidio, desde
Montaine hasta Heine, desde Zola a Mendelstam, desde Orwel y Kafka hasta
Rushdie. ¡Qué alegría! (Günter Grass) (1).
Ahora veamos lo que dice Manuel Scorza: “Todos mis libros fueron
siempre políticos y todo la literatura lo es por lo que dice o por lo que
calla”
Después de haber leído estas oportunas aseveraciones, decidí escribir
las presentes reflexiones sobre Literatura y Política en América Latina; como
no puedo abarcar a todos nuestros escritores, me limito a algunas muestras de
las épocas de la emancipación, del romanticismo, del modernismo y
contemporáneos, que constituyen una prueba fehaciente de la relación entre
ideología, política y literatura.
Jaime Mejía Duque y Mario Benedetti, afirmaron en todos los
escenarios, que en América Latina, desde la época de la independencia, la
literatura y la política han ido de la mano. Unos más otros menos, los
escritores latinoamericanos han tenido que ver con la vida política de sus
respectivos países y muchos han tenido trascendencia política en todo el
continente, y es más, escritores como Vallejo y Neruda se solidarizaron con el
proletariado internacional, al ponerse al servicio de la causa republicana en
España. Incluso, grandes hombres de la independencia como Camilo Torres, Simón
Bolívar y otros, fueron excelentes escritores. Las cartas de Bolívar fueron
magistrales piezas literarias; y ¿qué decir de sus manifiestos?, sus
manifiestos fueron poesía pura, miremos esta muestra:
“/Por la libertad, digo, /está erizada de armas la tierra/ que poco há
sufría el reposo de los esclavos; /y si desastres horrorosos/ han afligido las
más bellas provincias/y aún repúblicas enteras/ ha sido por culpa nuestra,/ y
no por el poder de nuestros enemigos…/ Debemos triunfar/ por el camino de la
revolución y no por otro/”.
Hablando de Colombia, algunos de sus presidentes han hecho literatura.
El himno nacional, compuesto por Rafael Núñez, es una pieza digna del
Neoclasicismo. Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín, Marco Fidel Suárez y
otros, también incursionaron en la literatura, es decir: estos personajes
fueron literatos absorbidos por la actividad política. Es muy patética una
escena de la obra I Took Panamá, montada por el Teatro Popular de Bogotá, bajo
la dirección de Jorge Alí Triana, en la que se muestra cómo mientras el
Presidente Marroquín se dedicaba a componer anagramas, los gringos se robaban
el Canal de Panamá.
En ningún momento la literatura en América Latina ha dejado de ser
polémica, política y testimonial, con diversas variedades. Los escritores y los
poetas latinoamericanos, rara vez pudieron o quisieron eludir la participación
en alguna actividad política, bien del lado del establecimiento o bien del lado
de la oposición. Jaime Mejía Duque y Ángel Rama han coincidido en afirmar, que
la mayoría de nuestros escritores han tenido que vivir de los puestos públicos,
debido a nuestras amorfas y elásticas burocracias que caracterizan el cuadro de
la dependencia y el subdesarrollo, en donde por motivos del atraso
socioeconómico, el estado es el principal empleador. (2)
Sea como funcionario, sea como áulico, plumífero (3) o implacable
opositor de un régimen determinado, el escritor o poeta ha incidido
notablemente en la vida política de nuestros países. El Periquillo Sarmiento
del mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, considerada por la crítica como
la primera novela hispanoamericana, publicada en 1.816, en el centro de las
coyunturas de las guerras de independencia, es una novela menudamente política.
(4)
No es gratuito entonces, que con Fernández de Lizardi se le haya dado
inicio al martirologio para muchos de los escritores que denuncian las
injusticias en Nuestra América. Este escritor fue encarcelado por haber fundado
el periódico El pensador mexicano, el cual consagró a la causa revolucionaria
independista, según Jean Franco(5), la verdadera vocación de Lizardi era la de
periodista; mientras pasaba la censura a los periódicos, él se dedicaba a
escribir novelas para evadir las iras de la censura. Lizardi en su Periquillo,
denuncia las injusticias que se dan en la vida colonial. Unos de los aspectos
que revela son las aberrantes esclavitud y discriminación racial:
“Dígalo la isla de Haití, que hoy llamamos Santo Domingo; dígalo la de
Cuba o la Habana, donde con una calesa o una golosina con que habilitaban a los
esclavos, los obligaban a tributar a los amos un tanto diario fijamente como en
rédito del dinero que se había dado por ellos…y si nó ¿qué sufrirían? Azotes. Y
las negras ¿Qué hacían cuando no podían vender sus golosinas? Prostituirse.
¡Cuevas de la Habana¡ ¡ Paseos Guanabacoa! , hablad por mí...
Y si aquellas negras resultaban con el fruto de su lubricidad o
necesidad en las casas de sus amos, ¿qué se hacía? Nada; recibir con gusto el
resultado del crimen; como que de él se aprovechaban los amos en otro esclavito
más…Yo deseo, señores, que me descifréis este enigma. ¿Cómo cumpliré bien los
preceptos de aquella religión que me obliga a amar al prójimo como a mí mismo y
a no hacer a nadie el daño que repugno, comprando por un vil interés a un pobre
negro…y tratándolo a veces quizá poco menos que bestia?¨ (6)
Fernández de Lizardi también critica a la religión por parcializarse
del lado de los poderosos, a la educación por inoperante: “Me pusieron en la
escuela, y en ella ni logré saber lo que debía, y supe, como siempre, lo que
nunca había de haber sabido.”(7)
También tienen su parte la justicia, el sistema carcelario, en fin
nuestro prístino novelista, denuncia la corrupción en todos los aspectos de la
vida colonial:
“El notario considera la ley no como un conjunto de normas que deben
cumplirse, sino como ornato de antigüedad. El boticario está de acuerdo con el
médico para engañar a los pacientes…los monjes asisten a fiestas y bailes, el
sacristán roba a los muertos. Los mendigos se aprovechan de la necesidad que
tienen los católicos de dar limosna y aprenden a engañar y a fingirse enfermos
y lisiados en su escuela de mendigos”. (8)
Vemos pues, que Fernández de Lizardi es consciente de lo que escribe y
en todas sus obras hace una radiografía de la sociedad colonial mexicana, claro
válida para toda sociedad colonial latinoamericana, puesto que la estructura
colonial impuesta por España tuvo las mismas características en todas las
latitudes de nuestra región. Por esto es encarcelado, desterrado y censurado,
(9) por los detentadores del poder, comportamiento político constante de las
autoridades latinoamericanas para con los escritores que denuncian las
injusticias, ya sea a través de sus obras o al margen de ellas. Pero Lizardi
era tan consciente de su cometido literario e ideológico en su medio y su época,
que dos meses antes de morir increpaba a sus enemigos en un folleto que con el título
Testamento y despedida publicó en 1.827: ¨¿No advertís que aunque yo muera,
jamás faltarán escritores instruidos y resueltos que continuarán combatiendo
los abusos?” (10).
Al referirme a los hombres que hicieron literatura en la época de la
independencia, no podría omitir los nombres del uruguayo Bartolomé Hidalgo
(1.788 – 1.822), quien en sus diálogos, con su particular estilo muestra
campesinos gauchos, hablando de las injusticias, y de la justeza de la lucha
por la independencia. El peruano Mariano Melgar (1.791 – 1.815), quien colgó
los hábitos para incorporarse a la lucha libertaria. Allí en la trinchera
escribía poemas contra la tiranía española, y hasta sus poemas amorosos en
forma de canción india, tenían un alto contenido político y satírico:
“/Vuelve que ya no puedo/ vivir sin tus caricias/ vuelve mi palomita/
vuelve a tu dulce nido/. /Mira que hay cazadores, / que con afán maligno/ te
pondrán en sus redes/ mortales atractivos; / y cuando te hayan preso/ te darán
cruel martirio/ no sea que te cacen; / huye tanto peligro/ vuelve, mi palomita,
vuelve a tu dulce nido. /”.
En Ecuador tenemos a José Joaquín de Olmedo (1.780 – 1.847). Basta con
leer el título de su más celebrado poema, para saber de qué se trata: Oda a la
victoria de Junín o canto a Bolívar: “/ Nosotros vimos de Junín el campo;/
vimos que al desplegarse del Perú y de Colombia las banderas/ se turban las
legiones altaneras,/ huye el fiero español despavorido/ o pide paz rendido”/.
A demás de estos escritores citemos, quizá los más importantes: El
cubano José María de Heredia (1.803 – 1.839) y al sapientísimo venezolano
Andrés Bello (1.781 – 1 856), que según Antonio Portuondo, Fue quien se encargó
de lanzar en sonoros versos neoclásicos, la proclama de nuestra independencia
intelectual: ¨Tiempo es que dejes ya la culta Europa,/ que tu nativa rustiquez
desama,/ y dirijas el vuelo donde te abre/ el mundo de Colón su grande
escena./”(11)
No es necesario insistir aquí en el sentido que como lo dijera el
mismo Portuondo: “Desde sus comienzos el verso y la prosa surgidos en tierras
hispánicas del nuevo mundo revelan una inquietud ante las circunstancias
sociopolíticas y se esfuerzan en influir sobre ella. No hay escritor u obra
importante que no se vuelque sobre la realidad social americana y hasta los más
evadidos tienen un instante apologético o criticista frente a las cosas y a las
gentes.” (12).
Obviamente, que en un periodo tan convulso como el de la emancipación,
la relación política-literatura es más evidente, y sobre todo en los poetas,
que abundan mucho en las luchas por la libertad, y además se sabe que la poesía
es propicia para las sociedades en guerra. Es bueno que veamos algunos aspectos
de la vida, obra y vicisitudes de los poetas anteriormente mencionados.
Melgar fue ejecutado por los españoles en el campo de batalla en
Umachirí.
José María de Heredia, se ve obligado a huir a Estados Unidos, por
haber participado en el primer intento de sublevación de los cubanos contra
España. En México vuelve a conspirar, por esto es condenado a pena de muerte,
castigo que no alcanzan a ejecutar los españoles.
Bartolomé Hidalgo además de ser el primer cultivador de la poesía
gauchesca, se alistó en las milicias durante las guerras de independencia. Fue
comisario de guerra del ejército libertador uruguayo, y al nacionalizarse como
argentino, lo nombraron como tesorero de la aduana bonaerense.
El polifacético Andrés Bello, además de escribir Alocución a la
Poesía, Silva a la agricultura de la Zona Tórrida, La Oración por Todos, y su
famosa Gramática de la Lengua Castellana, fue auxiliar de Bolívar en Londres, a
donde fue en una misión diplomática. Después de su regreso se dirige a Chile en
1.829. Allí funda la Universidad Santiago de Chile, redacta el primer código
civil chileno y hasta una obra de Principios de Derecho Internacional.
José Joaquín de Olmedo fue diputado, miembro de la junta de gobierno,
diplomático, llegó hasta desempeñar la vice-presidencia de la república,
incluso aspiró a la presidencia y fue derrotado.
Neoclásicos, prerrománticos o románticos como rotularon a Bello, estos
hombres tuvieron que ver mucho con la vida política de sus países y de toda
América, en especial Bello que fue una especie de ciudadano americano (algo así
como el “Bolívar de la poesía”). Y es que aquí llegamos a la época postín dependentista,
la época de la consolidación de los estados nacionales en América Latina, época
en que ser escritor era sinónimo de desterrado si se estaba en la oposición, o
de diplomático, funcionario o presidente si se estaba al lado de los
triunfadores.
Hoy podemos apreciar a distancia cómo casi todo el romanticismo
latinoamericano se convirtió en un discurso político ininterrumpido, sobre todo
el romanticismo argentino. El matadero de Esteban Echeverría (1.805 1.851),
Facundo de Domingo Faustino Sarmiento (1.811 – 1.888) y Amalia de José Mármol
(1.818 – 1.871), al leerlas da la impresión que las escribiera un solo autor;
son algo así como un extenso “cadáver exquisito” hecho a seis manos. Estos
escritores que hacen parte de la llamada generación del “destierro” (los tres
escribieron sus obras en el exilio), coinciden en la concepción de la
primigenia burguesía latinoamericana, en relación con la dicotomía
“civilización y barbarie” en la lucha tenaz que libraron contra la sangrienta
tiranía de Rosas (de 1.835 a 1.852).
Echeverría utiliza simbólicamente el título de su famoso cuento, para
demostrar que Rosas tiene convertida a la Argentina en un matadero:
“Llamaban ellos salvajes unitarios, conforme a la jerga inventada por
el restaurador…a todo el que no era degollador, carnicero, ni salvaje ni
ladrón… a todo patriota ilustrado; y por el suceso anterior puede verse a las
claras que el foco de la federación estaba en el matadero.” Culmina así su
cuento Echeverría.
Y hablando de Amalia: ¿Qué es Amalia, sino una acerba denuncia, sobre
la situación política de Argentina bajo la dictadura de Rosas? Allí está
retratada la implacable y sanguinaria Mazorca; la historia de amor entre Amalia
y Eduardo, solo sirve como telón de fondo, para denunciar las atrocidades de
Rosas. Amalia fue escrita por Mármol en el exilio en 1.851. A la caída de Rosas
Mármol fue diplomático, senador y director de la biblioteca nacional, como
premio a sus escritos:
“Así quiero que se llamen en adelante, -ordena Rosas a un
escribiente-, así lo he mandado ya, salvajes ¿oye usted? si, excelentísimo
señor, salvajes…
- ya está excelentísimo señor,
- lea usted, y el escribiente leyó.
¡Viva la confederación argentina!
¡Mueran los salvajes unitarios!” (13)
Sobre Facundo, que más que novela, debería ubicarse como un ensayo,
publicado también en el exilio por Sarmiento en 1.845; fue el libro que más
desprestigió a Rosas, tanto dentro de la argentina como en el exterior. Valga
decir que cuando se publicó esta obra en Chile, el país austral estaba a punto
de recibir un embajador de Rosas, que al fin y al cabo fue rechazado cuando
fueron conocidos los desmanes del Dictador, a través de las denuncias que hizo
Sarmiento en su ampuloso libro. Creo que Facundo fue el pasaporte para que
Sarmiento ascendiera a la presidencia de Argentina luego de la caída de Rosas:
“De la fiesta sale al fin de año y medio, el color colorado como la
insignia de adhesión a la causa; el retrato de Rosas, colocado en los altares
primero, pasa después a ser parte del equipo de cada hombre, que debe llevarlo
en el pecho, en señal de amor intenso a la persona del restaurador. Por último
de entre las fiestas se desprende al fin la terrible Mazorca, cuerpo de policía
entusiasta federal…
Así en una comunicación de un alto funcionario de Rosas he leído en
estos días, que es un signo que su gobierno ha mandado llevar a sus empleados,
las palabras: mueren los salvajes asquerosos, inmundos unitarios.” (14)
Demos un salto, para llegar a los modernistas a quienes desde finales
del siglo XIX y hasta las dos primeras décadas del siglo XX, les tocó la
fortuna o la desdicha, de ver cómo Estados Unidos comenzaba a introducir sus
tentáculos en la América Latina:
Nos encontramos ahora con el gran José Martí. Sus escritos más
significativos, desde el Presidio político en Cuba (1.871), hasta su última
producción Diario de campaña (1.895), el contenido político y la creación
verbal resultan indisolubles. Estamos ante un escritor, para quien la
literatura y la revolución van íntimamente unidas.
Martí antes de cumplir los 20 años fue condenado a trabajos forzados,
por haber participado en una conspiración en 1868, a favor de la independencia.
El castigo de trabajos forzados se le conmutó por la del destierro a España,
donde escribió el Presidio político en Cuba. En este escrito denuncia
atrocidades como los casos de niños condenados también a los trabajos forzados
en las canteras y el del brutal apaleamiento del anciano Nicolás, quien acabó
desplomándose a causa de los implacables castigos y la debilidad; y es que
hasta estos acontecimientos horrorosos Martí los escribe líricamente, veamos:
“Se le echó al pié de un montón. Llegó el sol, calcinó con su fuego
las piedras. Llegó la lluvia, penetró con el agua las capas de la tierra.
Llegaron las seis de la tarde. Entonces dos hombres fueron al montón a buscar
el cuerpo que calcinado por el sol y penetrado por la lluvia, yacía allí desde
las horas de la mañana”.
Y como si fuera poco increpa a los españoles de esta manera:
“¡Horrorosa, terrible, desgarradora nada!
¡Y vosotros los españoles la hicisteis!
¡Y vosotros la sancionasteis!
¡Y vosotros la aplaudisteis!” .
Martí no solamente ataca a España, sino que en toda su obra, y sobre
todo en su prosa ataca al colonialismo y a las dominaciones extranjeras. Por
esto en su obra fustiga constantemente a los Estados Unidos, porque si algo
hicieron los escritores modernistas fue prevenir a nuestra América sobre la
inminencia de la dominación norteamericana. No obstante estas constantes
denuncias, la obra de Martí no deja de estar llena de humanismo, de amor a su
patria a Nuestra América,- como él lúcidamente la denominó-, de amor a sus
semejantes y aún hasta a sus enemigos:
“/cultivo una rosa blanca/ en julio como en enero/ para el amigo
sincero/ que me da su mano franca/ y para el cruel que me arranca/ el corazón
con que vivo/ cardo ni oruga cultivo/ cultivo una rosa blanca/”
Aunque no se trata de hacer un examen minucioso de la obra de Martí,
quien, según Rubén Darío, escribió la prosa más bella del mundo, a tono con
esta ponencia hay que dejar en claro y recalcar que Martí: “No admite que nadie
se desentienda del quehacer político…su amor al hombre y su fe en él se afirman
en sus postulados políticos, revolucionarios y libertarios: la soberanía
nacional inalienable, la igualdad civil para todos los hombres y razas, el
sufragio universal…
Martí ama a los pobres y sufre con ellos, participa de su ansiedad de
justicia, porque entiende que la pobreza es consecuencia de un desequilibrio
social:
“/Yo sé de un pensar profundo/ entre las penas sin nombres; / ¡la
esclavitud de los hombres/ es la gran pena del mundo!/”
Al estudiar la obra de Martí comprendemos el por qué su obra está
inseparablemente vinculada a la independencia y posterior revolución cubana y
por qué su pensamiento y su acción han trascendido con fuerza avasalladora a
toda nuestra América, y por qué sacrificó su vida por la libertad y la
independencia de su patria:
“No me pongan en lo oscuro/ a morir como un traidor/ ¡Yo soy bueno y
como bueno/ moriré de cara al sol!/” (Versos sencillos).
La magnitud de la vida y obra de Martí, ha hecho de él una figura solo
comparable a la de Simón Bolívar; no en vano cuando un visitante extranjero
aterriza en la capital cubana, lo primero que ven sus ojos es un letrero enorme
que dice: Aereopuerto internacional de la Habana José Martí; y no es gratuito
que Fidel Castro terminara todos sus discursos con una frase Martiana que los
cubanos tienen impregnada hasta en lo más profundo de sus conciencias: “Patria
o muerte”. (15)
“Para su bien o para su mal, el escritor latinoamericano no puede ya
cerrar las puertas a la realidad, y si ingenuamente procura cerrarlas, de poco
le valdría, ya que la realidad entraría por la ventana” (Mario Benedetti)
Con esta cita de Benedetti quisiera hacer una somera alusión a Rubén
Darío, “el gran elefante sonoro, que rompió todos los cristales de una época
del idioma español”,-al decir de Neruda-, Hablar aquí de la obra de Darío,
considerado como apolítico, como evasor de la realidad americana de su tiempo,
sirve para reafirmar mi tesis inicial. Porque cuando los Sandinistas entraron
victoriosos a Managua (en 1979) e iban entonando cánticos con las letras de los
poemas de Darío, muchos comenzamos a mirarlo de otra forma, y más aún cuando el
gobierno de reconstrucción de Nicaragua lo proclamó libertador de la poesía
latinoamericana y héroe nacional de su cultura.
Al decir del ilustre profesor Eduardo Pastrana Rodríguez: “Los estetas
de la pequeña y gran burguesía han repetido sin pausas ni correcciones la idea
de Darío preocupado únicamente en los descubrimientos del lenguaje…Esta
falsedad que se origina en un evidente y calculado escamoteo, ha sido repetido
por estudiosos y críticos progresistas” (16).
Sería ingenuo o mal intencionado, luego de una relectura juiciosa de
Rubén Darío, seguir repitiendo el estribillo de Darío afrancesado, débil de carácter,
evasor de realidades, y todas esas cosas que obliteran el verdadero contenido
de la obra del inmenso “hijo de Martí”.
Leyendo la Oda a Roosevelt, el famoso “cazador” de I took Panamá, nos
damos cuenta de que como intelectual, y de acuerdo con la época que le tocó
vivir, Darío debió morir con su conciencia tranquila, porque él previno a la
América “morena y mestiza”, de las futuras y continuas invasiones de los
Estados Unidos a los países latinoamericanos. Darío, además de haber sido “el
mejor de esta tierra”, según Neruda y García Lorca, el Orfeo de la lira
americana, fue lúcido y premonitorio:
“Eres los Estados Unidos,/ eres el futuro invasor/ de la América
ingenua que tiene sangre indígena/ que aún reza a Jesucristo y aún habla
español./
…/Crees que la vida es incendio,/ que el progreso es erupción,/
/que en donde pones la bala/ el porvenir pones. /
No.
…/Mas la América nuestra que tenía poetas/ desde los viejos tiempos de
Netzahualcoyotl/… la América del gran Moctezuma, del Inca/ la América fragante
de Cristóbal Colón/ la América católica, la América española,/ la América en
que dijo el noble Guautemoc:/ “Yo no estoy en un lecho de rosas”; esa América/
que tiembla de huracanes y que vive de amor, / hombres de ojos sajones y alma
bárbara, vive/ y sueña. Y ama, y vibra, y es hija del sol. / Tened cuidado.
¡Vive la América española!/ Hay mil cachorros sueltos del león español. / Se
necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo, / el riflero terrible y el fuerte
cazador, / para poder tenernos en vuestras férreas garras./”
En los anteriores versos se ve cómo el ilustre poeta, trata a los
invasores norteamericanos de bárbaros sin ningún tapujo, en donde a Roosevelt
lo identifica como símbolo de esos intrusos del norte. Veamos los siguientes
versos de su celebrado poema A los cisnes, que en parte parecen continuación de
los anteriores:
“/ Nos predican la guerra con águilas feroces, / gerifaltes de antaño
reviven a los puños/…
/Faltos de los alientos que dan las grandes cosas, / ¿Qué haremos los
poetas sino buscar tus lagos? … / Yo interrogo a la esfinge que el porvenir
espera/ con la interrogación de tu cuello divino. /
/ ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?/ ¿Tantos millones de
hombres hablaremos inglés?/… / ¿Callaremos ahora para llorar después?/”.
Los versos leídos son tan dicientes, que no merecen mayor comentario,
porque aquí la posición americanista y antiimperialista es muy evidente; pero
quisiera corroborar lo dicho anteriormente trayendo a colación lo escrito al
respecto, por el inquieto poeta Juan Manuel Roca:
“Poeta de cisnes, dicen sus críticos acérrimos, poeta de tórtolas y
liras, de góndolas que nunca han surcado las aguas de Nicaragua. Pero se
olvidan de la gran pluralidad, de la gran orquestación americana de Rubén Darío
en sus cantos de vida y esperanza”. (17)
No mencionamos acá a Rodó y a Santos Chocano, porque sus posiciones
políticas antiimperialistas son indiscutibles; pero si quiero hacer notar que
Santos Chocano, el poeta de Alma América ha sido proscrito de los textos de
literatura, como si la crítica estuviera haciendo con él, lo mismo que sus
enemigos, que lo persiguieron desde su tierra peruana, hasta matarlo en un
tranvía en Chile. Lo mismo podemos decir en Colombia de los textos de Vargas
Vila, quien por su posición radical ideológica y política, erró por el mundo y
le tocó morir en Barcelona, lejos del alcance de la siniestra mano de la
hegemonía conservadora.
Antes de tomar la última parte, me es imposible omitir los nombres de
César Vallejo, Ciro Alegría y de Jorge Icaza, escritores posteriores a los
modernistas; que aunque la crítica habla continuamente de sus novelas,
ubicándoles simplemente como realismo social, creo que el Tungsteno, El mundo
es ancho y ajeno y Huasipungo, no se podían escribir de otra forma, porque si a
los modernistas les tocó vivir las primeras incursiones del moderno capital
imperialista, durante las dos primeras décadas del siglo pasado; a estos
escritores les tocó la época más dura, de los años veinte(1920) hacia acá; la
época de bárbaras invasiones. Época en que la burguesía latinoamericana, con
sus instrumentos de poder: estado, ejercito y religión, le entregan gran parte
de estas ubérrimas tierras a los “filibusteros norteamericanos” como los
llamara Ernesto Cardenal.
“Y es de América Latina que quiero hablarles hoy, como ilustración de
un compromiso posible. Esta América a la cual yo pertenezco, que ofrece al
mundo, como un retablo, el espectáculo de un universo en el que el compromiso
ha sido siempre inseparable de la vida intelectual”.
Alejo Carpentier.
Ustedes ahora se estarán preguntando, si solo valoro aquella
producción literaria, llamada por la crítica tradicional “Literatura
comprometida”: Ya lo dije desde un comienzo y sistemáticamente lo he venido
reforzando con citas de gente que ha estado en el oficio, por lo tanto resumo:
Toda literatura es comprometida, y todos los hombres tenemos un
compromiso, unos somos concientes de eso, otros no, y otros lo niegan; Así como
todos los seres tienen su sexo (los únicos que no tienen sexo son los ángeles),
todos los actos de los hombres son políticos, y con mucha más razón el acto de
escribir, porque se sabe que la pedagogía y la escritura son los actos más
racionales del hombre, luego se supone que los intelectuales son más concientes
del asunto que nos ocupa. El escritor a través de sus obras expresa su visión
del mundo, su ideología, su posición política como expresión de esa ideología.
Al respecto dice Jorge Enrique Adoum: “Si todo acto es político, todo libro
también lo es”, y al profesor Manuel Cassiani Reyes le leí un concepto
relacionado con esto, en una conferencia que ofreció en Bogotá, el pasado 6 de
marzo de 2009, sobre la obra de Candelario Obeso: ¨No hay poesía negra,
mestiza, ni blanca. La poesía –y por lo tanto todo arte y toda literatura-, es
la Expresión del alma y una forma de expresar nuestros sentimientos nuestra
admiración, tristeza, dolor…Obeso a través de ella expresó su nostalgia, su
ideología, ratificó su condición de negro, su razón de ser¨.
De lo anterior se desprende que el escritor en cualquier parte de la
tierra que esté, va a expresar la subjetividad de su existencia, que es la
subjetividad de su gente, de su clase. Aunque a algunos escritores y críticos
se les ha dado por decir que una cosa es la política y otra es la literatura,
con esto están asumiendo una actitud farisea, que favorece a los enemigos del
progreso de nuestros pueblos, a los enemigos de nuestra independencia social,
intelectual y política. Quienes asumen esta posición de estar encubriendo la
realidad, hacen como el gato, que tapa sus deyecciones. Opino que quienes
callan ante la realidad, están haciendo más política que quienes hablan o escriben
sobre ella.
No podemos caer en la hipocresía de algunos críticos o de algunos
escritores con respecto a lo que hacen sus colegas de oficio, es decir: que
como lo dijera Benedetti, para descalificar a alguien políticamente, simulan
que lo están criticando literariamente. Lo cierto es que se puede escribir
bien, se puede hacer buen arte y buena literatura sin sacrificar la visión del
mundo ni la posición política que se tenga: ¿Quién puede descalificar la obra
de Borges, que para hacer sus extraordinarios libros, no renunció a su posición
conservadora de derecha?
¿Quién puede descalificar estéticamente la obra de Octavio Paz a pesar
de su pregonado apoliticismo?
Y pasando a la otra orilla, refiriéndonos a los escritores demócratas
y antiimperialistas confesos: ¿Quién puede condenar estéticamente a Vallejo, a
Neruda, García Marquez, Carpentier; Cortazar; Benedetti, Fuentes, Cardenal,
Nicanor Parra, Guillen, Roa Bastos y demás escritores comprometidos con el
proceso de liberación en América Latina?
Pongo esto sobre la mesa porque Guillermo Cabrera Infante, que es un
gran escritor que contribuyó con sus cuentos de Así en la Paz como en la
Guerra, al proceso revolucionario cubano, cuando entró en contradicciones con
el gobierno de Cuba y se exilió en Inglaterra, comienza a renegar de la llamada
literatura comprometida, y hablar pestes de las obras de grandes escritores,
por ejemplo dice que Miguel Ángel Asturias, es un escritor execrable, que
Carlos Fuentes no es un escritor, sino que es un político que intenta hacer
literatura, que García Márquez no le interesa como persona (ni como escritor,
por supuesto).
Es decir que las contradicciones ideológicas y políticas entre los
escritores también se reflejan en los comentarios que hacen los unos de los
otros, pero lo reprochable es que disfrazan la crítica política con la
descalificación estética. Otras polémicas han sido más sinceras, incluso
algunos se han ido hasta los puños por esas contradicciones; recordemos que
Vargas Llosa le dio un puñetazo en el ojo a García Márquez frente a la puerta
de un teatro en Méjico por allá en 1976. Y el Vargas Llosa del 76 hacia acá, no
es el mismo de antes: Una cosa era el Vargas Llosa de los Cachorros, el de la
Casa Verde, el de la Ciudad y los Perros y hasta el de Pantaleón y las
Visitadoras, y otra cosa es el Vargas Llosa de la Guerra del Fin del Mundo y el
de la Historia de Mayta, y sin embargo no ha dejado de escribir bien.
Aunque no podemos abarcar a todos los escritores latinoamericanos, no
quisiera desaprovechar esta oportunidad para referirme a algo que me está dando
vueltas en la cabeza desde hace rato. Quiero referirme a Jorge Luís Borges y a
Julio Cortazar.
Borges y Cortazar hicieron buena literatura, de la mejor, pero sin
embargo Borges nunca dejó de ser un viejito reaccionario. Algunas veces dejaba
ver su posición soterradamente; por ejemplo cuando valora la obra inmortal del
inmenso Darío, afirma que textos como a Roosevelt, Salutación del Optimista, el
Canto a la Argentina, los Cisnes y otros, son deleznables (18). Nótese que,
curiosamente Borges hace esta apreciación es con las páginas en donde Darío
deja ver su posición Americanista y antiimperialista: ¿Será esto casualidad?, o
será que en verdad estas páginas son deleznables?, o será que los ostentadores
del poder y sus áulicos, buscan por todos los medios ignorar la obra de los
escritores que denuncian o muestran lo que realmente está pasando, de ignorar
los escritos donde un autor exprese su posición política? Lo que yo creo es que
aquí se está disfrazando el hecho de no compartir las denuncias que hace Darío
en estos poemas, con una injusta valoración estética. Es más, esta posición
retrograda, le costó quizás a Borges lo que más deseó en su vida: el premio
Nobel, claro porque ni el premio Nóbel escapa a la situación política. Este
premio por lo regular se les otorga a los escritores que comportan una posición
demócrata o social-demócrata. Según García Marquez, en 1976, y hasta el mes de
septiembre, Borges era ya el premio Nobel, pero prefirieron dárselo a un desconocido
en ese entonces, Saul Bellow, porque, y voy a citar textualmente a García
Marquez:
“Lo cierto es que el 22 de septiembre de aquel año, Borges había hecho
algo que no tenía que ver con su literatura magistral: Visitó en audiencia
solemne al general Augusto Pinochet (y continúa García Marquez, entre comillas
y citando lo que Borges le manifestó al “Tiranosaurio”: “Es un honor inmerecido
ser recibido por usted señor presidente - y continúa, sin que nadie lo haya
interrumpido-. En Argentina Chile y Uruguay, se están salvando la libertad y el
orden. Ello ocurre en un continente anarquizado y socavado por el comunismo”.
(19)
Aunque García Márquez trata de justificar esa cantidad de sandeces,
creo como lo creyeron los señores de la Academia sueca, que estas palabras
fueron sinceras por parte de Borges, si nos atenemos a sus reiteradas posturas
que tuvo en pro de las dictaduras del Cono Sur.
En cambio, otro grande, Julio Cortazar, que tampoco aparentemente
escribía literatura comprometida: “El rey midas de la literatura, todo lo que
tocaba lo convertía en oro” (Tomás Borge), “El argentino que se hizo querer de
todos”( García Márquez) , a diferencia de Borges, era un gran propagandista de
la lucha por la liberación en América Latina.: Redactaba y firmaba manifiestos
contra las dictaduras y contra la intervención de Estados Unidos en los asuntos
internos de los países latinoamericanos; como él mismo lo dijera, sus libros
culminaban en la realidad: Llegó al ejercicio pleno de la solidaridad humana,
al quehacer por los prisioneros uruguayos, por los desaparecidos en Argentina,
a su profunda admiración por la revolución cubana, a su entrega militante por
la causa sandinista, tal vez por esto tampoco recibió el Nobel, y sí que
también lo merecía.
Lo cierto es que el intelectual y el escritor en América latina tienen
un gran compromiso, un serio compromiso en sentido doble: Tienen que ser ante
todo americanos, como lo dijera Rodó, y al mismo tiempo escribir bien, deben
asimilar la tradición cultural universal y ponerla al servicio de la
independencia política y cultural de América latina. Los intentos de evadir
esta misión, solo sirven para comprometerlos con los enemigos de la libertad.
Y para terminar y a manera de epílogo, quiero resumir todo lo dicho
con unas palabras y unos versos de Pablo Neruda.
“Son enemigos de la poesía cuantos excluyen de ella la lucha que es
también nuestro pan de cada día. Aquellos que nos ponen unas fronteras, quieren
destruir todo el castillo. Aquellos que políticamente, quieren apartar la
poesía de la política, quieren amordazarnos, quieren apagar el canto, el eterno
canto, el eterno canto.”
Y ahora estos versos.
“Yo sigo en las tablas de mi ley/ acumulando estrellas y armamento/ y
en el duro deber americano/ no me importa una rosa más o menos/ tengo un pacto
de amor con la hermosura/ tengo un pacto de sangre con mi pueblo/. (20)
NOTAS
1. GRASS, GUNTER: “Censura y literatura, en Magazín Dominical de El
espectador. Bogotá, mayo 10 de 1992.
2. MEJIA DUQUE, Jaime. NARRATIVA Y NEOCOLONIALISMO EN AMERICA LATINA.
Medellín, Oveja Negra 1972.
3. Piénsese en Plinio Apuleyo Mendoza.
4. MEJIA DUQUE, Op Cit.
5. Franco, Jean. HISTORIA DE LA LITERATURA HISPANOAMERICANA.
Barcelona, ed. Ariel, 1983.
6. FERNÁNDEZ DE LIZARDI, José Joaquín: EL PERIQUILLO SARNIENTO,
Méjico. Editorial porrua 1974. pp. 346 – 347.
7. Ibid, 17.
8. Ibid.
9. El libro cuarto del periquillo fue censurado, solo se publicó
después de su muerte.
10.Citado por Mejía. Op cit P:30
11. Citado por: Portuondo, José Antonio “Literatura y sociedad, en
Fernández Moreno César, y otros América Latina y su literatura. Sexta edición.
Méjico. Siglo XXI, 1979. p 401.
12. Ibid 391.
13. Mármol, José. AMALIA. Medellín, Bedout, 1982. Pp: 53-54.
14. Sarmiento, Domingo Faustino. FACUNDO, Medellín, Bedout, 1971. Pp:
221-222.
15. No está demás recordar que Martí murió combatiendo por sus ideas
el 19 de mayo
de 1895 en la acción de Dos Ríos.
16. Pastrana Rodriguez, Eduardo: Darío Recobrado. Cali, Imprenta
Departamental del
Valle, 1988.
17. Roca, Juan Manuel. ¨Breviario del Modernismo¨, en Magazin
Dominical del
Espectador, Bogotá, Julio 3 de 1988.
18. Borges, Jorge Luis: ¨Mensaje en honor de Rubén Darío¨, en Rubén
Darío y su
obra, Bogotá, Editorial Norma, 1991: P: 9
19. García Márquez Gabriel: ¨El fantasma del Nobel¨, en Magazín
Dominical del
Espectador, Octubre 24 de 1982.
20. Citado por: Orjuela, Hector. ¨Literatura Hispanoamericana¨. En:
ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN Y CRÍTICA, Bogotá, Publicaciones del Instituto Caro y
Cuervo, Vol, LVI, 1980, pp: 127 y 142.
Publicado por EL HOMBRE DEL POLO en 16:06
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